El planteo fue realizado por Adolfo Franke, presidente de la Asociación de Productores Porcinos de Santa Fe (Apporsafe), quien destacó que el consumo de carne de cerdo se multiplicó por seis en los últimos veinte años, pasando de apenas 3 o 4 kilos por habitante a casi 20 kilos anuales en la actualidad.
Según explicó, este crecimiento fue posible gracias a un proceso sostenido de inversiones, mejoras genéticas, mayor eficiencia productiva y un incremento de la productividad de los establecimientos porcinos, que permitió responder a una demanda cada vez mayor del mercado interno.
Un plan para seguir creciendo
Desde el sector aseguran que el desafío ahora es sostener esa tendencia y avanzar hacia una nueva etapa de expansión.
En ese sentido, Franke señaló que el objetivo estratégico es alcanzar un consumo interno de 30 kilos por habitante por año durante la próxima década y, al mismo tiempo, incrementar significativamente las exportaciones, con una meta cercana a las 300.000 toneladas anuales.
Para lograrlo, remarcó que será necesario continuar fortaleciendo la competitividad de toda la cadena productiva y mejorar la inserción de la carne porcina argentina en los mercados internacionales.
Competencia creciente con Brasil
Uno de los principales desafíos para la actividad continúa siendo la competencia con Brasil, principal proveedor de carne porcina importada por Argentina.
Según indicó el dirigente, en algunos períodos las importaciones representan cerca del 10% de la producción nacional, mientras que las exportaciones argentinas apenas alcanzan alrededor del 1%, una diferencia que obliga al sector a incrementar permanentemente su eficiencia.
Franke sostuvo que el nuevo escenario demanda establecimientos cada vez más competitivos, capaces de mejorar sus indicadores productivos para sostener la rentabilidad frente a un mercado más abierto.
Producción de escala y agregado de valor
El presidente de Apporsafe también destacó que la producción porcina requiere cada vez mayor profesionalización, integración y escala para mantenerse competitiva.
En ese marco, señaló que una de las principales fortalezas del sector es la transformación del maíz y la soja en proteína animal, generando mayor valor agregado dentro del país y potenciando el desarrollo de las economías regionales.
Respecto al impacto de los costos energéticos, Franke explicó que la electricidad representa aproximadamente el 2% de los costos totales de una granja porcina industrial, por lo que existen otros factores con mayor incidencia sobre la rentabilidad del negocio.
En cuanto a la incorporación de tecnologías sustentables, señaló que los biodigestores todavía tienen una adopción limitada debido a la elevada inversión que requieren y a la escala necesaria para hacerlos viables económicamente. Actualmente, la mayoría de los establecimientos reutiliza los efluentes como fertilizantes, mientras que solo un reducido grupo logra completar un modelo integral de economía circular mediante la generación de biogás y electricidad.
Fuente: InfoPork
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