La producción porcina argentina ha atravesado una transformación sin precedentes desde el año 2000 hasta la actualidad, caracterizada por cambios profundos en todos los eslabones de la producción primaria. Estas modificaciones abarcan desde la forma de producir carne dentro de las granjas, hasta la evolución de las empresas proveedoras de bienes y servicios, así como también importantes transformaciones socioproductiva.
De este modo, una actividad que a comienzos de los años 2000 se percibía como relegada frente a otras cadenas cárnicas, ha logrado reposicionarse como un sector dinámico y en constante crecimiento.
En todo este proceso, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria ha desempeñado un rol central como institución de apoyo y acompañamiento al desarrollo del sector. A lo largo de estas transformaciones, ha contribuido mediante actividades de investigación y extensión, orientadas a generar y transferir conocimientos que permitan sostener a la mayor cantidad de productores dentro del sistema productivo. Para ello, el organismo ha promovido el desarrollo de tecnologías aplicadas y alternativas productivas, especialmente dirigidas a pequeños y medianos productores, con el objetivo de mejorar la eficiencia mediante niveles de inversión intermedios, sin descuidar la calidad del producto final.
En este contexto, durante las etapas iniciales del proceso de transformación, la institución evaluó diversas alternativas productivas con el objetivo de brindar soluciones técnicas a aquellos productores que contaban con entre 20 y 80 madres, los cuales representaban aproximadamente el 95% del total de establecimientos del país. En ese momento, el principal enfoque estuvo orientado a resolver ineficiencias productivas en sistemas al aire libre, generalmente integrados con actividades agrícolas. En estos esquemas, los ejes de trabajo se centraron en el manejo del tapiz vegetal, la rotación de los sistemas agrícola-ganaderos, la implementación de manejos en bandas, y la incorporación de mejoras en genética y alimentación.
El objetivo de estas estrategias fue alcanzar niveles adecuados de eficiencia productiva, tanto en términos de kilogramos de carne por madre por año como de conversión alimenticia y calidad de producto, que permitieran a estos productores sostenerse y permanecer dentro del sector.
Sin embargo, a medida que el sector continuó avanzando en términos de eficiencia y calidad, surgió la necesidad de desarrollar nuevas formas de producción que permitieran desacoplar la superficie ganadera de la agrícola, optimizando el uso de los recursos y logrando un mayor control de las condiciones ambientales. Ante ello, la institución comenzó a trabajar en la implementación de un modelo productivo orientado a alcanzar niveles de eficiencia superiores a los sistemas al aire libre.
De este proceso surge el denominado sistema de ?baja inversión y alta eficiencia?, basado en la combinación de distintas tecnologías. Este esquema integra el uso de fosa seca en las etapas de servicio, primeros 35 días de gestación (G1) y maternidad, junto con sistemas de túnel de viento y cama profunda para las etapas de destete, recría y terminación, y para la etapa de gestación posterior a los 35 días.
Este modelo ha permitido al productor incrementar los kilogramos de carne producidos por madre, reducir las conversiones globales del establecimiento y liberar superficie para otras actividades, como la agricultura. Todo ello con una inversión aproximada un 70% inferior a la requerida por un sistema de confinamiento tradicional.
Sin embargo, es importante señalar que tanto este sistema como el sistema al aire libre presentan una limitante estructural en cuanto a la escala productiva, la cual generalmente se ubica en torno a las 150 madres. A lo largo de estos años, la institución nunca desconoció que el sistema de confinamiento tradicional representa el modelo de mayor eficiencia productiva y el que permite producir con la mayor cantidad de madres. No obstante, debido a los altos niveles de inversión requeridos, su adopción quedaba limitada a un grupo reducido de productores o empresas. Por este motivo, el objetivo institucional fue desarrollar alternativas intermedias que, combinando baja inversión y adecuada eficiencia, permitieran la inclusión y permanencia de una mayor cantidad de productores dentro del sector porcino.
Estos sistemas también permitieron ser un trampolín para el crecimiento cualitativo y cuantitativo de muchos productores, que luego alcanzaron la escala productiva con sistemas de confinamiento tradicionales.
Sumado a esto, en años pasados además de trabajar en sistemas productivos se realizaron innumerables trabajos de investigación en términos de calidad de producto, tesis de posgrado, tesis de grado, capacitaciones en jornada y congresos, conformación de grupos de cambio rural, vistas a campo, las ediciones de la exposición Fericerdo, publicación de trabajos, servicio de diagnóstico molecular del gen de halotano (RYR1) destinados a cabañas y a empresas de genética, primer centro de Inseminación Artificial que distribuía dosis a los productores, entre otros.
El INTA siempre estuvo presente, trabajando para las diferentes coyunturas, pero también mirando la prospectiva del sector, intentado con sus recursos aportar al sector privado nuevas ideas, nuevos conceptos, nuevas alternativas, todo con el objetivo de contribuir al desarrollo de una cadena porcina que ha crecido, y continúa creciendo, de manera acelerada en las últimas décadas.
El nuevo escenario
En la actualidad, el sector porcino se desarrolla bajo reglas de juego significativamente diferentes a las observadas tan solo una década atrás. Se trata de un escenario donde la pequeña y mediana empresa porcina debe redefinirse rápidamente, incrementando sus niveles de eficiencia y, especialmente, alcanzando mayores escalas productivas para no quedar fuera del sistema.
En este contexto, la incorporación de tecnologías de insumo ha establecido nuevos horizontes productivos, al tiempo que tanto los productores primarios como las empresas privadas proveedoras de tecnología enfrentan la necesidad de respuestas rápidas y dinámicas ante los desafíos que se presentan. Así entonces surge el interrogante acerca del rol del INTA frente a los nuevos desafíos del sector porcino.
Para lograr una intervención eficiente y acorde a sus capacidades, y dar respuesta a un sector productivo dinámico, resulta clave adoptar un enfoque estratégico basado en articulaciones institucionales sólidas y en un diagnóstico preciso de la situación actual del sector. Esto permitirá mejorar el impacto de la institución en el territorio.
En este sentido, la estrategia de intervención puede estructurarse en dos grandes ejes:
1.Extensión
Orientada a acompañar a los productores en la mejora de la eficiencia productiva de sus sistemas. A través de jornadas, capacitaciones, reuniones en territorio y asesoramiento directo tanto en aspectos técnicos productivos como en la promoción de esquemas asociativos. El objetivo es no solo lograr sistemas que produzcan carne de calidad al menor costo posible según la escala de cada productor, sino también fomentar procesos de integración que permitan alcanzar escala, condición fundamental para la sustentabilidad del sistema.
2.Investigación
Vinculada al desarrollo de conocimiento aplicado en áreas estratégicas como nutrición, genética, bienestar animal y sanidad. En este sentido, la institución cuenta con infraestructura específica, como galpones experimentales, que permiten llevar adelante ensayos controlados. Esta capacidad representa una oportunidad clave para fortalecer la articulación con el sector privado, mediante la evaluación de insumos, tecnologías y procesos productivos, generando información objetiva que contribuya a la toma de decisiones.
Conclusión
Por lo expuesto, está claro que la institución fue y es un eslabón estratégico que trabajó siempre intentando copiar y acompañar al sector porcino nacional en cada una de sus transformaciones, tanto socioproductiva como tecnológicas, que llevaron a lo que es el sector porcino actual.
Hoy se encuentra en un gran desafío donde debe articular acciones con recursos escasos e intentar dar una respuesta profesional a las demandas de un sector creciente, pero también sabemos que con un manejo eficiente de sus recursos y el apoya de la actividad privada, el INTA lograra estar a la altura de la circunstancia.
El INTA se consolidó como un actor estratégico del sector porcino nacional, no solo por su rol de acompañamiento, sino también por su capacidad de impulsar las transformaciones socioproductivas y tecnológicas que han dado lugar a su configuración actual.
En este escenario, la institución enfrenta el desafío de optimizar el uso de recursos limitados, fortaleciendo la articulación interinstitucional y generando respuestas técnicas de calidad acordes a las demandas de un sector dinámico y en expansión. En este marco, una gestión eficiente, junto con una mayor integración con el sector privado, permitirá consolidar su posicionamiento y sostener un rol protagónico en el desarrollo de la actividad.
Fuente: Senasa
Palabras claves:
SENASA
,
INTA
,
Marcos Juárez
,
Producción porcina