El sector vive un momento contradictorio, ya que bate marcas históricas de faena y consumo al mismo tiempo que buena parte de sus productores atraviesa serias dificultades económicas. Los números de 2025 lo confirman. Según la Secretaría de Agricultura, la producción superó las 800.000 toneladas y la faena llegó a más de 8.500.000 cabezas, cifras nunca antes alcanzadas. El consumo por habitante también tocó un techo, con casi 19 kilos anuales, en un escenario donde la carne vacuna pierde terreno en la mesa de los argentinos.
Ese impulso no se frenó este año. En el primer semestre de 2026 la producción creció 11,5% frente a igual período de 2025, de la mano de una mejora en los precios. Entre enero y junio, el valor del kilo en pie subió 13,2%, mientras que los costos productivos apenas se movieron.
El contraste aparece cuando se mira quién produce. Un relevamiento de la consultora JLU detectó que, desde 2018, seis de cada diez productores porcinos dejaron la actividad. "Hay cada vez más cerdos, pero en menos manos", resume el informe. Este fenómeno pega con más fuerza en Buenos Aires, provincia que concentra la mitad de la faena del país.
A esa concentración se suma otro frente. Julio marcó el mayor volumen de importaciones porcinas de todo el siglo, con cerca de 7.000 toneladas ingresadas al país, casi todas procedentes de Brasil. Es un salto del 70% respecto al mismo mes de 2025 y de un 1.600% frente a 2024. Un mes antes, en junio, habían entrado 6.133 toneladas, un 39,8% más que un año atrás, frente a exportaciones de apenas 1.310 toneladas, lo que dejó un rojo comercial de 4.823 toneladas.
Desde el Ministerio de Desarrollo Agrario detallaron que "los representantes del sector plantearon su preocupación por el aumento de las importaciones, las condiciones sanitarias de los productos que ingresan al país y el uso de ractopamina en los sistemas productivos de origen".
Rodríguez planteó que el problema va más allá de las cantidades importadas. "No podemos pensar el desarrollo de la producción porcina sin discutir qué condiciones de competencia estamos generando. Necesitamos que nuestros productores puedan producir, invertir y crecer, y eso requiere políticas que defiendan la producción nacional y que garanticen condiciones sanitarias y de competencia adecuadas".
Uno de los cuestionamientos giró en torno a la ractopamina, un aditivo que mejora el rendimiento de los animales y genera resistencias en varios mercados internacionales. En el país no está prohibida de manera explícita. Quedó exenta de las restricciones que aplican a sustancias similares, aunque su venta se supeditó a un sistema de trazabilidad que jamás se puso en marcha, motivo por el cual no hay productos veterinarios habilitados para aplicarla en la producción local.
El encuentro también sirvió para repasar líneas de financiamiento, medidas contra la triquinosis a partir de casos registrados en granjas de la provincia, un plan para regularizar establecimientos pequeños y programas de apoyo a escuelas agrarias con orientación porcina.
"La Provincia tiene una enorme capacidad productiva y una cadena porcina que genera trabajo y agrega valor. El desafío es que esa capacidad pueda traducirse en más productores, más producción y mejores condiciones para quienes producen, y para eso vamos a seguir trabajando junto al sector", concluyó Rodríguez.
Fuente: El Productor Porcino
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